…y salimos a la calle | discurso de la Primera Marcha del Orgullo Homosexual (26 de junio de 1979)

Hace más de 100 años, en 1864, surgen los primeros intentos por explicar objetivamente la homosexualidad. En Alemania, un médico austrohúngaro llamado Benkert lanza una carta abierta al régimen prusiano en contra de las disposiciones penales represivas de la homosexualidad, contenidas en el código penal. Defiende esa opción sexual y acuña el término homosexual. Años más tarde, el Comité Científico y Humanista, también en Alemania, encabezado por Magnus Hirschfeld inicia todo un proyecto de esclarecimiento en torno a la cuestión homosexual. Los intentos del Comité se ven truncados por el Hitlerismo en los años 30. Durante muchos años ningún esfuerzo para continuar la labor del Comité toma cuerpo por la atmósfera de histeria homofóbica que privó en el mundo y que se vio azuzada por el macartismo.

Esta actitud anti-homosexual provocó a nivel mundial la implantación de la persecución oficial, sistemática e implacable de los homosexuales y el continuo allanamiento de sus sitios de reunión. Las redadas eran prácticas cotidianas y normales (en nuestro país aún lo son) para hostigar y castigar a los disidentes de la heterosexualidad.

Sin embargo, en 1969 —año que sigue a la revuelta mundial de la juventud contra las instituciones de control de la sociedad y de la puesta en tela de juicio de valores que se creían «inamovibles»— comienzan a surgir brotes de inconformidad entre los homosexuales politizados. Así, en abril – mayo de ese año, en la ciudad de San Francisco, grupos de homosexuales y lesbianas protestan durante varias semanas frente a astilleros del puerto por el despido de varios trabajadores por ser homosexuales.

El 27 de junio por la madrugada en la ciudad de Nueva York, la policía allana —con sus métodos tradicionales: golpes, insultos, empellones— un bar de homosexuales, el Stonewall Inn. Pero, contrariamente a la actitud pasiva y temerosa de los parroquianos, éstos contestan a la violencia con violencia y resisten a golpes y botellazos la incursión policiaca. Durante 3 días consecutivos se lucha en las calles aledañas al bar. Arden varias patrullas y hay heridos de uno y otro lado. Una oleada de estupor recorre los Estados Unidos y el mundo. Antes, nadie hubiera creído en semejante acción por parte de los homosexuales. Surge, desde entonces, el grito de «liberación homosexual».

En México —inserto necesariamente en la problemática mundial— también los homosexuales hemos empezado, con métodos diferentes, a hacernos visibles. Por primera vez en la historia de nuestro país, los homosexuales organizados en el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) salimos a la calle el 26 de julio del año pasado. En aquella ocasión éramos un puñado de militantes los que asumíamos públicamente nuestro compromiso con los desaparecidos políticos, sin ocultar nuestra opción sexual. Festejábamos un año más de la Revolución Cubana y el 10° aniversario del inicio del movimiento estudiantil popular de 1968. Marchábamos, más tarde en otras manifestaciones acompañados ahora de otros grupos fraternos de homosexuales: Grupo LAMBDA de Liberación Homosexual y Grupo Autónomo de Lesbianas Oikabeth que somos los grupos de vanguardia del Movimiento de Liberación Homosexual en México.

Y aquí estamos ahora, felices y orgullosos de lo que somos: homosexuales y lesbianas. Nuestra presencia en la calle, a la luz de la opinión pública responde a la necesidad de poner en práctica métodos y estrategias que nos permitan luchar por una nueva alternativa para nuestra vida cotidiana y para que no se cuestione con prejuicio e ignorancia, como tradicionalmente se ha hecho, la presencia de la homosexualidad en el conjunto de la sociedad.
Reconocemos nuestra identidad sin miedo y sin vergüenza. Nada más lejos de nosotros que los cargos de enfermedad, vicio o degeneración. Conscientes y responsables de nuestros derechos como ciudadanos mexicanos, como hombres y mujeres libres, con una opción sexual diferente, una aparente calma no nos engaña. Tenemos memoria. Y nuestra memoria no es sólo evocadora, está a flor de piel. Lo ha estado durante casi toda la historia de la humanidad. La cultura judeocristiana se ha encargado, magistralmente, de no permitirnos olvidar.

Recordemos, compañeros y compañeras, la persecución implacable de los cristianos conquistadores, las llamas de la inquisición dedicadas con amor cristiano a los sométicos. Recordemos la infamante tradición de las redadas, el chistecito del 41. Pero, cerca de nosotros, el Torito, la Vaquita, las delegaciones, los paseítos con los agentes extorsionadores, los más de 80 impunes asesinatos anuales contra homosexuales, jamás aclarados.

Recuerdan el año pasado, el 15 de septiembre Tlatelolco, madrugada, cuatro jóvenes, ninguno mayor de 21 años, asesinados con saña inaudita ¿Quién los asesinó? La prensa amarillista nos acusa a nosotros, a los homosexuales en general de haber sido los asesinos. Las redadas. Esa, práctica viciosa y corrompida de un sistema incapaz de respetar siquiera sus propias normas legales. Redada: ataque contra el miserable desempleado. Redada: ataque contra las prostitutas. Redada: ataque contra los jóvenes que cometen el delito de no poseer un club o una cancha deportiva. Redada: castigo divino-oficial contra los disidentes sexuales, los travestís, nosotros. Quién de ustedes, antes de acudir a los sitios que el sistema nos ha obligado a escondernos, no se pregunta con temor: ¿estaré seguro?, ¿no habrá redada?, ¿podré transitar libremente por mi ciudad sin temor a que los guardianes del orden no me detengan?

¿Y el chantaje, compañeros? Somos una mina de oro para un puñado de delincuentes, esos sí, jamás molestados por la policía. Y lo somos porque nos asumimos como culpables. Esos chantajes que no sólo nos vulneran, nos joden, nos degradan a nosotros, hombres y mujeres homosexuales, sino a nuestras familias, a nuestros amigos.

Una amplia y comprobada discriminación en el empleo y en la familia parecen ser las constantes a las que nos tenemos que enfrentar desde la oscuridad de nuestros closets. Inmovilizados, ateridos de frío miedo, permitimos todo: el insulto, la vejación, el golpe, la burla, la risita, el despido, nos echan de nuestras casas. Establecen un círculo de muerte en torno nuestro.

No se trata de lanzar una lamentación que el profeta Jeremías envidiaría. Tampoco estamos inventándole cargos a la sociedad y a sus instituciones: 27 de septiembre de 1978: Redada en el Topo. Cientos de detenidos. Muchos prefieren pagar sus «multas» -esas extorsiones oficiales- otros, los jodidos tienen que quincenear. El FHAR instrumenta una parada de protesta en la explanada de la delegación Cuauhtémoc y se enfrenta a las autoridades. Logramos presionar para que se dé la libertad a más de 15 compañeros. Benjamín: perdí mi empleo. Lo conseguí apenas hace tres días, pero como tuve que hablar para avisarles, pues me corrieron cuando supieron porque me habían detenido. Era la primera vez que juntaba para mi entrada al bar. Luis: Yo salía de mi trabajo y como creo que nos les gustó como caminaba ni como vestía, me detuvieron. Yo no fui al bar. Andrés: a mí me corrieron porque en mi casa se supo. Tuve que hablar pues para que me sacaran. Mi papé se enojó mucho. Su sueldo mensual es de 6,500 y somos siete de familia.

Todos somos burlados, perseguidos. Marginados de nuestros centros de trabajo, si nos la saben. Pero, a partir de hoy hacemos un llamado a defender tu capacidad de respuesta. Tenemos mucho que enseñarles a los bugas represores sobre las relaciones humanas, la responsabilidad en el trabajo, la disciplina en el compromiso político, el ingenio y el talento en las artes, las ciencias. Estamos en todas partes. Homosexuales obreros, lesbianas trabajadoras, hombres y mujeres homosexuales médicos, abogados, campesinos, subempleados, marginados económicamente.

La familia. En tu barrio, en tu colonia, en tu edificio, en tu calle te la saben. Y cómo joden a tu familia. Cómo ese círculo represor y supresor se extiende hasta la gente que más cerca está a ti. ¿A qué le tienen tanto miedo, a su homosexualidad o a la nuestra?

Nos dicen que copiamos todo, que no somos originales. El crimen no tiene fronteras compañeros. Las humillaciones y las violaciones a nuestros derechos humanos tampoco tienen fronteras, por ello, hermanados con millones de homosexuales en todo el mundo levantamos nuestra voz y unimos nuestros esfuerzos contra las dictaduras: la dictadura heterosexual, la imposición de entrometerse en nuestras vidas, nuestros cuerpos. Las dictaduras militares, síntesis perfecta del machismo exacerbado. Contra los Somozas, los Pinochetes, los Ayatolas Jomeinis, asesinos de sus pueblos y de sus homosexuales. Recordemos compañeros, la represión del movimiento homosexual pionero de América Latina, del argentino. Salvo el genocidio exterminador de Hitler contra los homosexuales no sabíamos de otro llevado a cabo con tanta saña. Dónde están los militantes del FLH argentino. Muertos o desaparecidos o en el exilio. De ello se desprende nuestra intención de salir en defensa propia. Quién reclama por ellos, por nosotros, ¿Al?, ¿la ONU? Algún comité de presos desaparecidos políticos. No, compañeros, nadie. Tenemos que hacerlo nosotros. Y lo haremos.

La alternativa somos todos juntos. Aprendamos a ser solidarios, felices y orgullosos de lo que nos une y nos identifica. Para nosotros, ser solidarios significa no aceptar la marginación del resto de la sociedad, ni el chantaje, ni la extorsión. Significa revalorarte, rescatarte de las cloacas. Significa aceptar a tus compañeros homosexuales y lesbianas por lo que tú sepas de ti mismo y no por lo que los dictadores heterosexistas te impongan.

Ser solidarios significa saber que un ataque contra uno es un ataque contra todos. Lucha concreta, compañeros, es la propuesta del FHAR, contra todo lo que atente contra nuestras vidas. Contra las vidas de todos los que hoy nos han acompañado en esta marcha, contra las vidas de los compañeros que quisieron venir pero que se vieron impedidos por el terror. Estamos aquí, luchando por el derecho a la vida, al amor, al trabajo. La nueva alternativa es responsabilidad de todos.

Combativos y presentes, los homosexuales y las lesbianas revolucionarios estamos y estaremos al lado de todos los oprimidos: obreros, campesinos, mujeres.

Declaremos nuestra firme e íntima intención de luchar por un socialismo sin sexismo, pues sabemos que sólo en él podríamos ser cabalmente libres como seres humanos íntegros.

Esperamos que sea ésta la primera de una exitosa serie de reuniones nuevas, abiertas, dignas de los homosexuales.

NADIE ES LIBRE HASTA QUE TODOS SEAMOS LIBRES

Ediciones Letras en Rebeldía y sus plataformas Resistencia en el Sur y Arte y Cultura en Rebeldía agradecen al activista Juan Jacobo Hernández Chávez por autorizar el discurso íntegro de la Primera Marcha del Orgullo Gay, realizada en la Ciudad de México en el año 1979; desde esa fecha, el acontecimiento es el más importante en el país.

El discurso fue elaborado por Fernando Esquivel y Juan Jacobo Hernández Chávez con comentarios de integrantes del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR). Su publicación se realizó en Nuestro Cuerpo 2-3 de 1980, editado por el Frente. | Fotos tomadas de Internet y del muro de Facebook de Juan Jacobo Hernández Chávez

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